sábado 6 de febrero de 2010

Aquellas promesas incumplidas

En Derecho romano, las fórmulas "sponsio", "promittere" y "fidepromittere", equivalentes a nuestro actual "prometo" se utilizaban para contraer la obligación de cumplir algo y, en caso de incumplimiento, el contrayente podía ser demandado y llevado a juicio para que pagase.

En la actualidad, las promesas con menos credibilidad en nuetsra sociedad son las que provienen de los discursos políticos, de cuyo incumplimiento surge la denominada "responsabilidad política" por autores como Soriano o de la Rasilla. Es curioso, sin embargo, que mientras las antiguas estipulaciones a modo de promesa sobreviven en nuestro Código Civil tímidamente, nunca se haya legislado contra la actuación irresponsable de los políticos. En primer lugar, la irresponsabilidad política no es punible en España, ya que no es posible multar a un político que miente o que cambia repentinamente de parecer, en segundo lugar, la inmunidad parlamentaria blinda a los congresistas y a los senadores ante el poder judicial, ya que no pueden ser procesados mientras ejercen su cargo, a no ser que la Cámara lo permita por mayoría, y, en tercer lugar, cuando se actúa perjudicialmente para un municipio o administración superior legítimamente y es necesario reparar los daños, la persona jurídica sobre la que recae la obligación de correr con los gastos es el ente estatal y nunca ni en parte el político.

Estos tres escudos, unidos a la escasa participación política ciudadana, a las pocas vías que tiene el pueblo para expresarse y al constante dominio de los medios de comunicación de masas provocan que el político se sienta como algo parecido a un dios que puede hacer y deshacer a voluntad, siempre que no contradiga al jefe del partido. Si metemos en el saco un sueldo nada deleznable y popularidad a raudales, ser político hoy en día es el negocio perfecto, y negociar sobre las arcas públicas siempre va en detrimento de todos los contribuyentes. Hacen falta, pues, muchas reformas en leyes como la LOREG, reguladora del Régimen Electoral General, un mayor apoyo a las ILP (iniciativas legislativas populares) y un aumento de la frecuencia de las consultas populares a través de referendos.

viernes 5 de febrero de 2010

Teoría y práctica de la libertad

Me gustaría hoy comenzar con este extracto de mis apuntes de Derecho Constitucional a propósito del examen al que me someteré de dicha asignatura el próximo lunes:

"El Estado es un representante político de la sociedad, no puede tener una voluntad propia que no sea la de los representados. El contenido de la manifestación de la voluntad del Estado tiene que ser reconducido de forma permanente a la sociedad, de manera que el individuo, al obedecer la ley, no esté obedeciendo más que a sí mismo y continúe siendo igual de libre."

Desde luego, queda muy elocuente así proclamado, de tal suerte que podría surgir cierto incipiente optimismo en el lector que, no cognosciente de la actual realidad político-social española, pensase que es posible ahora mismo y por asomo esta afirmación que se hace con tanta alegría en un curso de derecho Constitucional. La realidad es que nunca llueve a gusto de todos y, aún peor, la ley a veces sí obliga a ciertos ciudadanos a obedecer a entes que no son ellos mismos, coartándoles la libertad. No es menester profundizar en los entresijos de la relación amorosa entre los grupos editoriales y los grupos políticos, relación idílica que se mantendrá mientras fluya el contante y sonante, sino de la libertad de actuación en una actividad tan cotidiana y sencilla como contemplar arte o asistir a una representación teatral, como expresión viva del mismo. Sí, en efecto estoy aludiendo a la SGAE como habrá podido rápidamente intuir, y es que la Sociedad General de Autores y Editores no se anda con rodeos a la hora de cortar de raíz lo que en teoría representa: la cultura. Querer multar a una peluquería por deleitar a sus clientes con música, que ya ha sido pagada en el mercado de discos de música, resulta inequívocamente ridículo y querer cobrar a estudiantes la friolera de 95€ por representar una obra teatral sin ánimo de lucro y son percibir frutos de la actuación es, sin duda, demencial.

La alusión a la SGAE es tan sólo un ejemplo de cómo podemos llegar a ser despodeídos, aunque sutilmente, de lo que tan a la ligera es denominado como una de las tres exigencias básicas para que una Constitución sea considerada como tal y cumpla con su objetivo de posibilitar la construcción jurídica de un orden político basado en la igualdad y la libertad.

Como curiosidad, me permito añadir que las otros dos son:
1º.- La Sociedad Civil tiene que poder expresarse políticamente sin dejar de ser una sociedad integrada por individuos que actúan como les parece adecuado, sin tener que sujetarse a instrucciones de nadie.
2º.- La expresión política de la sociedad debe ser única, de manera que no haya distintos órdenes políticos para diferentes individuos.

Contra la primera se me ocurre la ley que prohíbe la rotulación sólo en castellano en Cataluña, mientras que contra la segunda parece ser que se diferencia notablemente a los individuos en dos castas, ciudadana y política, denominándose incluso "clase política" a esta segunda, lo que evidencia la diferencia. Juzgue usted mismo.

jueves 4 de febrero de 2010

España necesita otro Suárez

Hace una hora excasa concluyó el segundo episodio de la miniserie de Antena3, "Adolfo Suárez, el presidente", y no he podio resistirme a combatir el sueño que produce el estudio de los exámenes finales para escribir estas líneas. Podría describir como agridulce el sabor que me ha quedado tras concluir la serie que ha logrado mantenerme pegado al televisor, cosa que hacía tiempo que no lograba una programación que no fuese de humor, aunque ése es otro tema del que quizás hable en otra ocasión. El sabor agridulce se debe principalmente a una extraña mescolanza entre el agradecimiento a un hombre que dedicó sus esfuerzos a que yo hoy pueda redactar esto contra la visión de la política actual. No piense en Zapatero, Rajoy o Llamazares; son simples títeres del enrarecido clima político actual.

No cabe duda de que los hombres sirven a los partidos políticos, que terminan siendo máquinas de acción electoral y que suprimen la voluntad de sus afiliados e incluso de sus dirigentes. El ciclo vicioso es peligroso y no sólo afecta a los dichosos partidos, sino que además, por gobernar ellos nuestra politizada sociedad civil, infecta e impregna cada rincón de las vidas de los nacionalizados en España. Quizás hiciera falta un nuevo Suárez, capaz de llamar a su lado a quien le critique y le haga ver mejor el camino y con la entereza necesaria para afrontar los retos a los que se enfrentó. Aprovechando mis estudios en sociología, se que se debe en gran parte a la situación que le tocó vivir, pero ahora también estamos en un periodo no sólo de incertidumbre económica, sino también política. No obstante, el problema llega cuando la misma estructura interna de los políticos bloquea cualquier posibilidad de que ascienda un nuevo Suárez al poder, ya que no interesan hombres de Estado, sino hombres de partido. Considero esto una gran lacra del sistema de democracia de partidos, que sólo hace ascender al poder a quien mejor defenderá los intereses partidistas y en todo caso los particulares de políticos o asociados, pero nunca los de los ciudadanos.

miércoles 3 de febrero de 2010

Test sobre mí

Al igual que el mes pasado, vuelvo a inciar mi actividad el día 3 del mes y espero no dejarlo éste el 9, como me ha ocurrido en enero y febrero, por motivos de vacaciones e Internet, respectivamente.

A ver qué puntuación sacáis, suerte:

Test ¿Cuánto sabés sobre mí?

¿Me conoces?

¿Conoces a Dani Toscano? Prueba a ver qué nota sacas.

Mi color favorito
. Negro
. Verde
. Rosa
. Rojo
Mi marca de coches
. Dodge
. Mercedes
. Chevrolet
. Kia
Mi forma de gobierno predilecta
. Monarquía
. Comunismo
. República Federal
. República Centralizada
Mi juego de PC favorito
. Age of Empires
. Football Manager
. Imperivm
. Counter Strike
Mi lugar de ocio preferido
. Botellón
. Pub
. Discoteca
. Restaurante
Mi ideología política
. Democratacristiano
. Centrista
. Socialismo
. Socialdemocracia
Mi trabajo ideal
. Orador
. Profesor
. Abogado
. Médico
Mi personalidad
. Dinámica
. Analítica
. Independiente
. Extrovertida
Mis aficiones
. Leer, aprender, reflexionar
. Deportes, actividades físicas
. Juegos de estrategia
. Ver la tele
¿Quién/qué soy?
. Roquero, heavy
. Cani/rapero
. Pijo/Elegante
. Ninguna de las anteriores



Resultados:
-20 a -10: Bueno, al menos lo intentaste
-10 a 0: Quizás conozcas lo básico sobre mí, pero no demasiado
0 a 10: Puedes considerar que sabes bastante sobre mí, aunque nos falta conocernos más
10 a 15: Sólo alguien cercano a mí puede sacar tanto, así que gracias por estar ahí
15 a 20: No sólo me conoces, sino que perteneces a mi reducido círculo íntimo. No te separes de mí nunca ;D.

sábado 9 de enero de 2010

El dilema de los prisioneros políticos

Voy a proponerle, querida lectora o querido lector, un pequeño juego que, inocentemente, le mostrará el por qué los partidos políticos utilizan diariamente a sus perros de jauría colocados en los tres poderes y los medios de comunicación para intentar desbancar al contrario en vez de proponer alternativas que interesen al ciudadano.

Imaginemos por un momento que podemos encerrar a Mariano Rajoy Brey y José Luis Rodríguez Zapatero en celdas contiguas, pero sin poder comunicarse entre ellos. A continuación, se les explica, por separado, que deben elegir entre una política agresiva contra el rival y una política de cooperación. Se les comunica también que, si ambos escogen la política de cooperación, aumentarán sus electores en un 10% cada uno, mientras que si ambos escogen la política agresiva sólo aumentarán sus electores un 5% cada uno. Por el contrario, si no coinciden en sus elecciones y uno eligiera una política agresiva y el otro una política de cooperación, el que escogiera la política agresiva aumentaría sus electores en un 15% mientras que el otro, que utilizaría una política de cooperación, aumentaría sus electores en un 1% solamente.

Ante tal diatriba, ambos líderes deben elegir sin saber qué hará el otro y sin asesoramiento ninguno. ¿Qué harán? Por supuesto, desde el punto de vista del ciudadano, ambos obtendrían mayor beneficio si cooperaran eligiendo una política de cooperación, ya que entre los dos aumentarían un 20% el número de electores. Sin embargo, pongámonos en la pies de uno de ellos. Cualquiera de los dos valorará que, escogiendo una política agresiva, aumentará sus electores en el mismo número que el contrincante o en mayor medida, mientras que escogiendo una política de cooperación se arriesga prácticamenta a un todo o nada. Sabiendo que el otro también verá la posiblidad de salir ganando con la política agresiva, éste la usará igualmente. Ambos eligirán, pues, una política agresiva criticando fuertemente al rival, aunque ello aumente el hastío de la sociedad por sus debates (dato que se desprende de que el aumento de electores es de sólo el 10%, cuando podría haber sido del 20%).

Ya sé que sólo es un juego, pero simplifica muy bien la tendencia actual de ataque y derribo en todas las instituciones, especialmente del PP y el PSOE. Para ellos es más "beneficioso" tirarse los trastos, pero no para la sociedad. ¿Podrían sin embargo, si pudieran hablar entre sí, cooperar? La respuesta sigue siendo pesimista al respecto y es que, ninguno de los dos se fiaría de que el otro cambiase de opinión y le traicionara. Por ello fracasan los cárteles de empresas, las empresas de socios y las coaliciones de partidos políticos, especialmente los primeros.

Una conclusión pesimista en cuanto a la realidad política de nuestro país, sin duda, pero realista a su vez en lo que respecta al hastío popular por la política.