Con frecuencia se ve en la televisión el seguimiento de algún caso mediático. Y eso, por no decir que la gran mayoría de reportajes, noticias y artículos tienen alguna relación con aspectos del Derecho. En realidad, casi todo está relacionado con el Derecho, pero ese es otro tema.
Lo que me ocupa en esta entrada es una profunda y amarga reflexión que comparto con muchos juristas, colegas de conocimiento. "Gracias" a los medios de comunicación, se está creando la conciencia social de que redactar las leyes y crear Derecho está al alcance de todos. En efecto, todo el que sea Diputado -y sabemos que no se requiere demasiado- puede meter mano en las leyes, pero para algo existen las comisiones de asesoramiento, compuestas de expertos. En concreto, me gustaría recalcar el papel del Consejo de Estado como órgano consultivo del Gobierno en aspectos jurídicos.
Retornando a los medios de comunicación, los debates televisivos, tertulias e incluso la misma manera de dar la noticia nos conducen a la continua puesta en juicio del Poder Judicial y las leyes. Lo preocupante no es la crítica, que siempre es beneficiosa si se da con argumentos... sino que el ciudadano va asimilando una concepción negativa de la Justicia y critica duramente su funcionamiento, peor aún, se permite la licencia de decir cómo han de hacerse las cosas desde la más absoluta de las ignorancia en temas jurídicos. Así, como exponía con cierta amargura un catedrático de Derecho penal hace unos días, se produce la paradoja de que el ciudadano, los medios y los políticos tienen la razón y el conocimiento sobre lo que debe hacerse, mientras que el estudioso en la materia y su opinión son marginadas.
En este país, cuando se produce un juicio que puede tener repercusión mediática, los periodistas se ponen manos a la obra para realizar un juicio paralelo y, mejor aún, provocan lo que me he dado en denominar el "tercer juicio", que es el que realizan los ciudadanos en las redes sociales y la calle. Así, el fenómeno es tan grave que no sólo se limitan éstos a opinar sobre el devenir del caso, sino que se toman la absoluta e increíble licencia de corregir al Juez si no ha sentencia como ellos desean en base a sus inventados "principios". Podría redactar folios con los efectos que tendría aplicar más de una de las panaceas ignorantes que algunos gritan desde la barra de un bar, como la pena de muerte, pero quiero ser breve para no diluir el mensaje en litros de tinta.
El "tercer juicio", el juicio ciudadano cuya más hermosa expresión es el jurado popular de bar, manda al traste en menos que canta un gallo la presunción de inocencia del acusado. Cualquiera sobre el que los periodistas digan que ha sido "imputado" ya es sospechoso de ser culpable, mediante el "algo habrá hecho". Y, más hilarante todavía, si hay alguna "prueba" ya no habrá quien pueda sentenciar la inocencia, por mucho que la prueba se haya obtenido mediante tortura, no sea válida o cualquier otro defecto. De hecho, otra de esas panaceas ignorantes es la tortura... sin comentarios.
La pérdida de la presunción de inocencia no sólo nos llevaría a un Derecho penal y procesal propio de la Edad Media y no poco de lo que ello conlleva, sino que destruye la mayoría de las veces la dignidad de la persona acusada, que se ve protagonista en un juicio mediático en el que, sorpresa, no tiene derecho a defensa. Los medios son tan buenos jueces que sólo conceden la palabra a quienes les interesa... ¡y de qué manera! Si el acusado declara en los medios, todo lo que diga será siempre usado en su contra con presunción de que lo que dice es mentira, salvo que confiese ser culpable.
Concluyendo, cabe reflexionar si éste es el modelo de sociedad que queremos: el de la arbitrariedad en los juicios donde, poniendo un ejemplo que oí hace poco, pronto votaremos si la Pantoja es culpable o inocente llamando o mandando sms a la televisión en vez de poder asistir a un juicio basado en leyes. Por mi parte, creo que habría que restringir el acceso de los periodistas a los tribunales y la información que les es lícito compartir, así como la manera en que lo hacen. Invenciones mediáticas como la de "asesino confeso", que no existen como concepto en Derecho y no hacen otra cosa que jalear a las masas para que presionen a los tribunales, son un buen botón de muestra.
Sin abusar, me permito la libertad de recomendar dos ensayos que he realizado sobre la materia, uno en clave jurídica y otro más accesible al ciudadano de a pie.